Homilía de fray Xabier Gómez García, OP, obispo de Sant Feliu de Llobregat, durante la Fiesta de la Bajada de la Virgen de los Reyes.

Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Valverde (El Hierro), 13 de julio de 2025

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz fiesta! ¡Feliz encuentro con la Madre Amada y su bendito Hijo que hoy y siempre caminan con nosotros!

Hoy, El Hierro está si cabe, más de fiesta. La isla entera se hace música, la tierra y el mar, los pies se hacen danza, y el corazón se vuelve oración. Hoy damos gracias a Dios por María, aquí venerada como Virgen de los Reyes, de la Epifanía que muestra a Jesús como Salvador del mundo y de nuestras vidas. Con ella baja también el cielo a esta isla nuestra, porque Jesucristo es el fruto bendito de su vientre, el cielo hecho hombre. Porque cada eucaristía hace presente un pedacito del Reino de Dios. Porque donde están María y el Señor, está el amor; y donde está el amor verdadero, ahí está Dios.

Hoy es un día para la alegría y para dejarnos interpelar, para escuchar la Palabra como quien escucha un mensaje urgente. Les invito a que nos hagamos tres preguntas:

¿Dónde encuentro una palabra venida de Dios que consuele y oriente mi vida? ¿Quién es el centro de todo? ¿Y para quien quiero ser?

El Deuteronomio lo dice con ternura y claridad: “Esta palabra está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas.” ¡Qué maravilla! Dios no está lejos. No hace falta cruzar el mar ni subir al cielo. No hay que esperar señales cósmicas. Basta con abrir el corazón. Dios está cerca. Su Palabra está impresa en nuestra alma como una semilla esperando brotar. Escuchen su corazón, el deseo profundo de sus almas, escuchen el latido de la presencia del Espíritu de Dios para llenar de paz y de esperanza sus vidas. Para cambiarlo todo.

Y aquí, en esta isla del fin del mundo, sabemos lo que significa que Dios se acerque. Porque Él se acerca como se acerca María: con sencillez, con delicadeza, con fidelidad. En cada Bajada, lo vivimos: la Virgen no se queda en su santuario. No se encierra. Ella baja, viene, visita. Y con ella baja Jesús, la Palabra hecha consuelo, aliento. Esa Palabra la encontramos en la Sagrada Escritura especialmente en los Santos Evangelios. ¿Buscas respuestas? Abre y lee.

Hoy podríamos decir, en lenguaje de El Hierro: la Palabra va en andas, la Palabra se viste de blanco como su Madre. Se perfuma de albahaca, la Palabra tiene rostro del hijo de María, la Madre Amada.

¿Buscas respuestas? Abre los evangelios, lee y escucha.

¿Quién es el centro de todo? Lo dice la segunda lectura. San Pablo no razona: canta. Canta al Cristo que es “imagen del Dios invisible”, “primogénito de toda criatura”, “reconciliador del cielo y de la tierra”. Todo fue creado por Él y para Él. ¡Qué fuerza tiene esta verdad en el contexto de una Bajada! Porque sí, la Virgen baja, pero no baja sola. Baja con su Hijo en brazos. Y donde está el Hijo, está el Reino. Y donde está el Reino, hay paz, hay fraternidad, hay justicia. Hay perdón y reconciliación entre esposos, familias y vecinos.

El Papa Francisco, en Dilexit Nos, escribió: “Cristo no es un recuerdo piadoso ni una idea luminosa. Es una presencia viva que nos precede, nos acompaña y nos impulsa a salir al encuentro del otro” (DN, 5). En cada eucaristía Cristo nos envía al prójimo, al perdón, la acogida, la caridad, siempre la caridad.

Por eso, mirar a María nos conduce al Señor Resucitado. Ella nos enseña dónde está el centro. Ella nos educa en la fe verdadera, la que no se queda en ritos ni repite fórmulas, sino que se convierte en vida entregada, en servicio alegre, en reconciliación posible.

Y llegamos al Evangelio. ¡Qué conocido! ¡Qué incómodo también!

Un maestro de la ley le pregunta a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? Y Jesús le responde con una historia: la del samaritano.

En este mundo nuestro donde se alzan muros, donde se agitan banderas de egoísmo y miedo, Jesús nos enseña algo radical: el prójimo no se define por la sangre ni por la nación, sino por el amor. Prójimo es el que se detiene, el que se conmueve, el que se arrodilla junto al herido.

¿Y no es eso lo que hace María? ¿No es eso lo que hace esta isla, pequeña en tamaño pero grande en corazón? Cuando acoge a los migrantes que llegan, cuando acompaña a los que sufren, cuando no cierra los ojos ni las puertas. En la iglesia española seguimos mirando y admirando a la Iglesia canaria que peregrina en El Hierro. Defiendan ese legado de humanidad y de caridad cristiana. En el espejo de la Madre Amada aprendemos a ser madres y padres para los demás, la maternidad es cuidado, es cercanía que acompaña, educa y deja volar.

El papa Francisco lo decía en Dilexit Nos: “El amor cristiano no se detiene en la compasión momentánea, sino que se organiza, se concreta, se hace pan, techo, abrazo, estructura que acoge” (DN, 18). Y continúa: “La caridad no es un deber frío ni una limosna ocasional, sino una respuesta ardiente al amor que nos ha visitado primero” (DN, 10).

Queridos hermanos y hermanas, hoy la Virgen de los Reyes con su Hijo en brazos baja como imagen viva del buen samaritano. Baja a curar heridas. Baja a hacernos prójimos unos de otros. Baja a decirnos al oído: “Haz tú lo mismo.”

Cada Bajada no es solo un evento. Es una catequesis en movimiento. Es un Evangelio danzado. Es María diciéndonos: La Palabra está cerca: ¡vívela! Cristo es el centro: ¡síguelo! El otro es tu prójimo, siempre: ¡ámalo!, ¡cuídalo!, ¡protégelo!, ¡intégralo!

Que esta fiesta nos renueve. Que nos arranque del egoísmo cómodo. Que nos encienda en la Verdad que es Jesucristo y que se expresa mediante una caridad activa. Que no bajemos solo a la Virgen… sino que también nosotros bajemos de nuestras alturas, de nuestros “egos” para servir, para curar, para abrazar en la comunión de la Iglesia.  Para aspirar a la santidad, sí, no nos conformemos con menos, aspiremos a la santidad que no significa ser perfectos sino dejarse hacer por Dios como María, abrazar las bienaventuranzas y no separarse nunca de ellas. Santos de la puerta de al lado, imitemos a la gente buena, escojamos siempre la bondad aunque no sea lo más sencillo, la bondad, la verdad.

Y cuando la Virgen regrese a La Dehesa, que no se apague su mensaje. Que Ella siga bajando en cada gesto de ternura. Que siga llegando en cada mano tendida. Que siga caminando con nosotros mientras construimos un mundo más fraterno, como su amado Hijo nos enseñó.

¡Madre Amada, Madre del amor hermoso, ¡enséñanos el amor verdadero!

Ruega por tu pueblo herreño. Camina con nosotros ahora y siempre. Amén.