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Una diócesis adolescente

16 años del inicio del ministerio episcopal del obispo Agustín en la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat.

 

Permita esta licencia: El Obispado de Sant Feliu de Llobregat es una diócesis adolescente, dado que ya tiene 16 años de vida. Como su gemelo, el Obispado de Terrassa. Ambos nacieron en 2004, con la bula del papa san Juan Pablo II del 15 de junio. El 12 de septiembre de ese año Mons. Agustín Cortés Soriano iniciaba su camino como primer obispo de la nueva diócesis, junto al Pueblo de Dios de estas tierras.

Mercè, Ignasi, Roser y Mn. Jordi nos ayudan a echar una mirada panorámica a estos años:

El Ignasi Segura, de Sant Boi de Llobregat, era precisamente un adolescente cuando empezó a caminar el Obispado de Sant Feliu de Llobregat: “Recuerdo la fuerte intensidad de diversos sentimientos colectivos durante aquellos tiempos: el año anterior, las grandes movilizaciones contra la guerra; en marzo de 2004, el doloroso impacto por el atentado del 11-M; ciertos temas sociales y morales. Yo apenas empezaba 4º de ESO y me recuerdo como adolescente terco intentando encontrar respuestas claras a las grandes preguntas de la vida.

La Mercè Lajara, de El Prat de Llobregat, expresa un sentimiento bastante extendido de aquellos inicios: "Hay una cierta sensación de duelo, ya que nuestra historia de creyentes se arraigaba en la Archidiócesis de Barcelona donde habíamos nacido y crecido en la fe. Pero después creo que la ilusión y la esperanza se fueron haciendo cada vez más presentes". Se parece a lo que dice la Roser Pons, de Vilafranca del Penedès, que lo recuerda como "un gran reto, un camino que empezaba, que no sería fácil, pero la gente tenía ganas de trabajar y acompañar lo que sería nuestro obispo".

Los recuerdos de esos inicios se entrelazan con la vida personal de cada uno. Mn. Jordi Tres, hijo de Sant Vicenç dels Horts estaba era seminarista, aquel 2004: "Las primeras impresiones son determinantes. Recuerdo que el primer día que pude saludar a mi futuro obispo Agustí por presentarme fue a Santa María del Mar. Al acercarme, antes de decirle nada, él me saludó por mi nombre y me preguntó por el párroco de mi parroquia."

Alrededor del 10 aniversario se realizó toda una reflexión diocesana, para discernir el camino por el que el Espíritu Santo quiere guiar a esta Iglesia local, y así, paso tras paso, hemos llegado al presente.

¿Cómo ves hoy la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat? “¡Yo la veo viva!”, exclama Roser con fuerza. Y en Mn. Jordi le sale del corazón: "¡La Iglesia de Sant Feliu es muy bonita!". "Camina entre la ilusión del primer momento y del 'todo está por hacer' y las ganas de ser fieles al Espíritu, ahora que las estructuras ya son consolidadas", en palabras de Mercè y en sintonía con Roser, que reconoce que "las delegaciones son un punto de referencia después de estos años".

"A pesar de nuestras debilidades hacemos camino con el buen Dios que tanto nos ama -apunta Mn. Jordi-. Con nuestros vasos de barro y sobre todo con el tesoro de la Gracia y ternura de Jesucristo vamos creciendo como un grano de mostaza".

Estos años de vida de la diócesis coinciden con los de Ignacio recorriendo un itinerario de fe, en una comunidad neocatecumenal en la parroquia, y ahora ve a nuestra Iglesia diocesana como un regalo, porque en ella encuentra, entre otras cosas, “una Iglesia concreta de este siglo XXI en el lugar donde vivo: el cuerpo de Cristo, real, con cara, y cara, congregaciones, etc., con una gran riqueza de dones y carismas”.

Ensanchando nuestros horizontes, según Mercè, "debemos hacer nuestras y reales algunas de las expresiones del Santo Padre, como la de no balconear", no mirar la realidad desde lejos. Debemos salir a las periferias y hacer llegar el mensaje de Cristo a todos aquellos que viven en nuestro obispado ya los que todavía no ha llegado de forma eficaz la Buena Nueva. En este sentido, incluso la posición geográfica de nuestra diócesis, en la periferia de la gran ciudad, puede ser una suerte, considera Ignacio, "porque permite ir haciendo en silencio, sin querer ser el centro de atención". También él reconoce que la nuestra es una "Iglesia que quizá aparentemente envejece y se va reduciendo en número de personas, pero que al mismo tiempo, por gracia del Espíritu Santo, se fortalece en la comunión y la sencillez".

Dando gracias a Dios y con todo el significado más lleno de la expresión, nos deseamos que sea ¡POR MUY AÑOS!