IV Jornada Mundial de los Pobres.

Ya hace cuatro años que el papa Francisco instauró la Jornada Mundial de los Pobres, a celebrar el domingo antes de Cristo Rey. En esta ocasión su mensaje toma como referencia el libro del Eclesiástico y un versículo suyo se convierte en el título: “Tiende tu mano al pobre” (cf. Eclo. 7,32). En este libro del Antiguo Testamento encontramos las palabras de un maestro sabio que busca la sabiduría que hace mejores a los hombres y capaces de escrutar en profundidad las vicisitudes de la vida.

El papa Francisco va desglosando la antigua sabiduría que formula este texto, una especie de código sagrada que hay que seguir en la vida, con consejos sobre muchas situaciones concretas de la vida, y la pobreza es una de ellas. El Eclesiástico insiste en la confianza en Dios, en ponerlo en el primer lugar de nuestra vida, pero también afirma el papa, “la oración a Dios y la solidaridad con los pobres y con los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, hay que reconocer que toda persona, hasta la más indigente y menospreciada, lleva impresa en ella la imagen de Dios» y recuerdad que «para ayudar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona».

El mensaje, que lleva fecha del 13 de junio, hace referencia también a la pandemia que vivimos, desde la óptica de la pobreza y las crisis que ha generado: «Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero se ha visto abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desánimo y desconcierto, ¡cuántas manos extendidas hemos podido ver!». Por otra parte, este mismo gesto, el de tender la mano, lo pone en contraposición con «la actitud de los que tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la cual son también cómplices».

Acaba haciendo referencia a la Virgen, que tamibén vivió las dificultades y sufrimientos de los marginados, «porque ella misma se encontró dando a luz al Hiijos de Dios en un establo y, por la amenaza de Herodes, con José, su espoco, y el pequeño Jesús, huyó a otro país», viviendo en condición de refugiados durante algunos años.

Este es un pequeño anticipo del mensaje del Santo Padre, que nos puede estimular a vivir el amor a los pobres, conscientes de que en cada uno de ellos podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló que estaria presente en sus hermanos más débiles.