La estela de la Jornada Mundial de la Juventud vemos que perdura en los miles de jóvenes que participaron en Lisboa, también en los de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat.

El 7 de agosto por la mañana llegaron de Lisboa los jóvenes de nuestro obispado. Un poco cansados, es verdad, pero muy contentos y con el corazón lleno de felicidad. Los recibieron sus familiares y el obispo Agustín a las puertas de la Casa de la Iglesia de Sant Feliu de Llobregat, de donde habían salido una semana antes.

Ese mismo día, en caliente, y más pausadamente a lo largo de estas semanas, los jóvenes participantes han verbalizado la experiencia vivida como algo extraordinario. Aquí ofrecemos sólo algunos testimonios; no nos caben aquí TODOS, TODOS, TODOS, como expresaba el papa Francisco, refiriéndose a la vocación de acogida de la Iglesia, pero al menos nos acercan a la vivencia de aquellos días.

Me ha parecido espectacular! Me ha encantado ver el Papa, hacer piña con más gente católica… Lo recomiendo 100%.” Arantxa Montero, Castelldefels

Alvaro e Iker

Soy Álvaro Fabra, natural de Sant Just Desvern y seminarista de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat desde este verano. En el grupo de la diócesis había gente de diferentes edades y parroquias, pero siendo reducido, nos conocimos rápidamente y pudimos congeniar con mucha facilidad. Con nosotros venían dos sacerdotes: Mn. Vicenç Guinot y Mn. Juan Antonio Vargas.

La mayor experiencia fue la de los días con el Papa. La cantidad de gente que había era realmente impresionante y pese a la dificultad para moverse, el calor, los ratos de espera y de pie fue una experiencia preciosa y muy impactante. Esto es especialmente cierto en cuanto al sábado y el domingo, que tuvimos que andar mucho rato bajo el sol para tumbarnos después en el polvo. Pero mereció la pena, porque fue un momento de mucha gracia poder orar con tanta gente que ama a Dios.

La vuelta a casa fue, como era de esperar, en un silencio casi absoluto, porque estábamos todos muy cansados… Sin embargo, aprovechamos el primer rato del trayecto para compartir entre todos nuestra experiencia. Fue un momento muy enriquecedor porque casi todo el mundo salió a decir algo, algunas ideas eran parecidas y otras sorprendentes por la profundidad de las reflexiones. Yo, personalmente, saqué tres conclusiones:

  1. No deberíamos sorprendernos por la actuación de Dios, tanto si está en el corazón de las personas como si es un milagro más visible.
  2. Me quedaron muy marcadas las palabras del Papa diciendo que el único momento en que podemos mirar a alguien desde arriba es para ayudarle a levantarlo.
  3. A veces podemos acostumbrarnos a ofrecer cosas fáciles a Dios, pero debemos esforzarnos en superarnos cada día, especialmente en el amor a Dios y al otro.
Magi

Las jornadas no dejan indiferente a nadie, cada uno con su historia y experiencia. Hablando de la mía, esta JMJ, además de ser un tiempo de descanso, de alejarme del ruido que provocaban las angustias y las preocupaciones que llevo en mí, ha sido un tiempo de encontrarme con un Padre y un Hijo completamente renovados. Se me ha dicho tantas veces que el Señor me ama tal y como soy que esta frase había perdido importancia dentro de mí: yo ya lo sabía, por lo tanto, no tenía que escucharla más. Estos días se me ha presentado un Padre que me ha permitido observarle y conocerle desde otra mirada, desde una mirada de enamoramiento, de contemplarlo yo a Él, como Él hace conmigo todos los días. Enamorarme de Él para comprobar por mí misma que Él es amor infinito. En este tiempo me invita a amar, no de la forma en que estaba acostumbrada a hacerlo, sino de la forma en que Él me enseñe.

Magi Segura, Sant Boi de Llobregat

¡Fantástico, un regalo del Señor! Ha sido una experiencia de Iglesia, que camina, que se cansa, que sufre, que se ríe, que canta, que llora… ¡Un don del Señor! Iker Freiria, Molins de Rei

Amanda y otros compañeros de la JMJ

Durante la Jornada Mundial de la Juventud fuimos testigos de eventos únicos que nos dejaron una gran impresión. Dos experiencias destacan sobretodo en mi peregrinación. En primer lugar, la magnitud de personas congregadas fue asombrosa. Miles de jóvenes de todo el mundo se reunieron para ver al Santo Padre, pero también para compartir su amor por Cristo, creando una atmósfera de espiritualidad y fe incomparable.

Por otro lado, la amabilidad y generosidad de los portugueses dejaron una profunda huella en nosotros. Nos hospedamos en un colegio donde el equipo de profesores nos recibió con calidez. Cada noche, al finalizar nuestras actividades del día, sin importar la hora, nos daban la bienvenida. Y al día siguiente, nos acompañaban con una sonrisa en el desayuno, saludándonos primero con un alegre “Bom dia”. Su auténtica hospitalidad nos impactó profundamente y añadió un toque especial a la experiencia. Fue realmente una vivencia extraordinaria.

Amanda Pascual, Sant Feliu de Llobregat

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