Hoy miércoles santo se ha celebrado en la Catedral de Sant Llorenç la Misa del Crisma. Enmarcada en la Semana Santa, esta eucaristía tiene muchos matices de significado, todos ellos relevantes.

El nombre viene de la bendición de los santos óleos: el del crisma, el de los enfermos y el de los catecúmenos. También es una jornada especial para los sacerdotes, que renueven este día sus promesas sacerdotales.

La colecta de esta misa tiene siempre una finalidad especial, por alguna necesidad particular; este año ha sido por los damnificados de Ucrania en nuestro país: a través de Cáritas diocesana ya se ha empezado a cubrir las necesidades básicas de alimentos y ropa, a atender proyectos de aprendizaje de la lengua y a dar solución a la demandas de alojamiento.

También es el día en que se aprovecha para homenajear a aquellos sacerdotes y diáconos que celebran sus 25, 50 o 60 años de ordenación. Este año han sido siete sacerdotes y un diácono, con los que se ha elaborado un breve vídeo testimonial que recoge el camino sinodal recorrido en estos años.

La celebración, para el clero, concluyó con una comida de hermandad en la Casa de la Iglesia. Entre los presentes estaba por primera vez, el abad de Montserrat, P. Manel Gasch, osb, que en esta circunstancia firmó el libro de honor del Obispado de Sant Feliu de Llobregat.

Si añadimos el hecho de que ni en el 2020 ni en el 2021 se pudo celebrar la misa del crisma en las condiciones de este año, los motivos de gozo en este miércoles santo han sido aún más.

 

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