Foto G. Simón – Arzobispado de Barcelona

La Virgen María, bajo la advocación de la Merced, nos ha regalado este año una jornada especialmente festiva por diversos elementos. Para empezar, hay que recordar que la Virgen de la Merced es patrona de la ciudad de Barcelona y de toda la Provincia Eclesiástica, que comprende, además de la archidiócesis de la capital, también las diócesis sufragáneas de Terrassa y Sant Feliu de Llobregat.

La misa pontifical en la Basílica de la Merced de Barcelona fue presidida excepcionalmente por el obispo Agustín Cortés, ya que el cardenal Joan Josep Omella, como presidente de la Conferencia Episcopal Española, asistió del 23 al 26 de septiembre a la Asamblea anual plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE que se celebraba en Roma. En la eucaristía concelebraron el administrador diocesano de Terrassa, Salvador Cristau, y los tres obispos auxiliares de Barcelona, Antoni Vadell, Sergi Gordo y Javier Vilanova.

En su homilia, el obispo Agustín recordó cómo empezó el patronazgo de la Virgen de la Merced, ahora hace 150 años, y también, los orígenes de la orden mercedaria, de la mano de San Pedro Nolasco, para redimir a los cautivos. Alargando la mirada hasta los tiempos actuales, recordaba la sociedad plural en que vivimos ahora y en este contexto, centró la atención en la figura de María:  «No podemos tratar con la Virgen sin encontrar en ella la mujer libre, que libera. La mujer, esposa y madre que ha recibido el gran don de la libertad de los redimidos y que a la vez coopera en la liberación de la humanidad. Lo que querríamos es, quizá, que la Virgen se convirtiera en un referente para todos, pero según lo que ella fue desde siempre: aquella mujer que inspiraba verdadera libertad; aquella que, habiendo acogido amor liberador, se ató con vínculos de amor para servir a los cautivos de la humanidad».

El mismo día 24 de septiembre, en el mismo templo, pero por la tarde, tuvo lugar otra eucaristía vivida especialmente por los seminaristas del Seminario Conciliar, en cuyo marco recibieron la admisión a las órdenes. Uno de ellos ha sido Manuel SC Rodríguez Garrido, de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat. A  los pies de la Virgen de la Merced y acompañados de familiares, amigos, formadores y compañeros del semanario, los admitidos a las órdenes vivieron este momento como un paso importante en su camino hacia el sacerdocio. De hecho, la admisión a las órdenes sagradas es una celebración que consiste en la bendición solemne de la vocación de los que se están preparando en el seminario. Con este rito los que aspiran al diaconado o al presbiterado manifiestan públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia para ejercer el orden sacerdotal. Y la Iglesia, en este caso en la persona del obispo Sergi Gordo, que presidía la celebración, al recibir este ofrecimiento, los escoge y llama para que se preparen adecuadamente al sacramento.

Manuel Rodríguez, amb els seus pares i el formador, Mn. Joan Pere Pulido