Un año más, y con este ya son 56, celebramos la Jornada Mundial de la Paz el primer día del año, solemnidad también de Santa María, Madre de Dios. Una muy buena manera de empezar el año: encomendándonos a María y pidiendo la paz para todos los lugares del planeta, a la vez que también podemos evaluar los desafíos y las oportunidades que presenta el año que empieza, y qué podemos aportar cada uno para construir la paz a nuestro alrededor.

El mensaje que el papa Francisco ha escrito para esta Jornada de 2023 se titula: “Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde la Covid-19 para trazar juntos caminos de paz”. A lo largo del texto resuenan las preguntas fundamentales que nos podemos hacer para mirar hacia adelante: ¿Qué hemos aprendido de la pandemia? ¿Qué podemos hacer para construir un futuro mejor, en un mundo marcado por desigualdades, hambre y conflictos, en especial por la guerra en Ucrania?

El Papa recuerda el 2020, la crisis que generó la pandemia y que, en palabras suyas, “nos sumió en medio de la noche , desestabilizando nuestra vida ordinaria, trastornando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros”.

Ahora, empezando el año 2023, sugiere que es bueno tomar un tiempo de reflexión, para hacer aprendizaje de todo lo vivido y para dejarnos transformar, porque, como ha recordado en varias ocasiones, “de los momentos de crisis nunca se sale igual: salimos mejores o peores”. También recuerda “que nadie puede salvarse solo” y que “todos nos necesitamos; que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana”.

Y cuando pensábamos que lo peor de la pandemia había sido superado, “un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad”. El papa Francisco se refiere a la guerra en Ucrania como un “flagelo” y reconoce que, “aunque se ha encontrado una vacuna contra la Covid-19, aún no se han hallado soluciones eficaces para poner fin a la guerra En efecto, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano”.

Para trazar juntos caminos de paz, hacia el final de su mensaje, indica algunas pistas de actuación que, como siempre, tienen un nivel de aplicación personal y otro comunitario e internacional: “Debemos retomar la cuestión de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades “.

El mensaje incluye una perspectiva esperanzadora para el 2023: Francesc espera ” que en el nuevo año podamos caminar juntos, aprovechando lo que la historia puede enseñarnos “; y termina felicitando el año y encomendando el mundo entero a la Virgen: “A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero “.


Desde hace 56 años, cada 1 de enero la Iglesia Católica celebra este día que convoca a promover y conservar la paz en el mundo. La Jornada mundial de la Paz fue proclamada por el papa Pablo VI, inspirado en las encíclicas Pacem in Terris, de Juan XXIII, y Populorum Progressio, de Pablo VI.

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