Ya hace tres años que el papa Francisco instauró esta celebración, en fechas cercanas a la festividad de los santos Joaquin y Ana, abuelos de Jesús. Este año, la jornada dedicada a los abuelos y personas mayores en general tiene lugar el próximo domingo, 23 de julio, con el lema, escogido por el papa, Su misericordia se extiende de generación en generación (Lc 1,50).

Hemos de tener presente que de aquí a pocos días empieza otro acontecimiento de relieve mundial: el inicio de la Jornada Mundial de la Juventut en Lisboa. Las dos Jornadas giran en torno a la escena evangélica de la visita de la joven María de Nazaret a su prima mayor, Isabel, en la que se pone de manifiesto la alegría del Magníficat y la disponibilidad de la joven que visita una persona mayor.

Desde hace tiempo, el papa Francisco recuerda con urgencia la necesidad de una alianza entre las generaciones que “salvará la familia humana”. Por eso, vale la pena invertir, como Iglesia, para que esta humanidad herida redescubra la esperanza a través de la memoria y la experiencia de los ancianos, ofrecida a los jóvenes, para no repetir los errores cometidos en la historia y encontrar juntos nuevos caminos en los tiempos presentes.

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