El próximo domingo, solemnidad de la Ascensión del Señor, se celebra la Jornada Mundial de les Comunicacions Socials, en su 56ª edición. El lema de este año es  és “Escuchar con los oídos del corazón”, de acuerdo con el mensaje que el papa Francisco ha escrito para esta jornada. El mismo, en el primer párrafo de su escrito, transmite el acento que quiere darle este año a la celebración:

«El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de «ir y ver» para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, escuchar, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.»

A lo largo de su mensaje, el papa repasa en la tradición bíblica la presencia y el significado de la escucha, vinculada al corazón, para después profundizarla como condición de la buena comunicación, tanto en el ejercicio de la profesión periodística como en la vida misma de la Iglesia y de la sociedad.

Es un mensaje lleno de esas frases logradas, condensadas de signficado y a la vez bien comprensibles, a las que nos tiene acostumbrados el papa Francisco. Aquí tenéis solo un anticipo, pero vale la pena leer entero su mensaje.

  • La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. (…) Hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor.
  • No basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien. (…) Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar.
  • Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. (…) La verdadera sede de la escucha es el corazón.
  • La buena comunicación (…) presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad.
  • Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. (…)  No se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar.
  • Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.
  • “El apostolado del oído”. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19).
  • Redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don.

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