Del 6 al 10 de febrero pasado tuvo lugar, en Roma, un Congreso para la Formación Permanente del Clero en el que asistieron en representación de nuestra diócesis, Mn. Vicenç Guinot, Delegado de Liturgia, y Mn. Joan Peñafiel, Vicario Episcopal del Baix Llobregat. Seguidamente, puede leer la entrevista que nuestra Delegación de Medios de Comunicación ha hecho en Mn. Vicenç Guinot.

¿Cuáles han sido los ejes básicos del Congreso?

Han sido 4 ejes:

a) identidad y ministerio del sacerdote en el contexto de un cambio de época y de un cambio de Iglesia más sinodal y misionera
b) la necesidad de una formación permanente integral, a nivel humano, espiritual, intelectual y pastoral
c) qué hacer para sentirse en casa en el propio presbiterio y cómo potenciar la fraternidad sacerdotal
d) una renovación misionera frente a los nuevos retos pastorales.

A efectos prácticos, ¿todo el tema que se ha tratado, tendrá una incidencia en nuestra diócesis?

En el programa de las sesiones había un espacio de presentación de buenas prácticas, es decir, iniciativas que se están llevando a cabo en toda la Iglesia católica a favor de los presbíteros. Con todo, creo que el congreso ha sido una mirada a la realidad de nuestros presbiterios, para abrir horizontes a la reflexión. En este sentido, sería un primer paso-necesario- para que el obispo y su presbiterio discernan qué caminos hay que explorar para reavivar el don del Espíritu recibido en la ordenación sacerdotal y vivir con entrega y alegría nuestro ministerio.

El papa Francisco, en su discurso de apertura, remarcó tres puntos fundamentales como son: “Vivir el gozo del Evangelio, crecer en comunidad, y un ministerio que genere Vida, todo ello empapado de paciencia y ternura”. ¿Crees que estos puntos se están llevando a cabo en nuestro obispado?

El Santo Padre se hizo eco de los temas que se trataron en el Congreso como son la relación con el Señor, frente al activismo, y las relaciones humanas (con el obispo, los presbíteros, los laicos), frente al individualismo . Somos hijos de nuestro tiempo y las carencias de nuestra sociedad también nos afectan y tenemos el peligro de caer en la mundanidad.

En la diócesis de Sant Feliu de Llobregat también necesitamos formarnos permanente según la forma de ser y actuar de Jesús. Porque sólo podremos ser misioneros si primero somos discípulos. Y, ciertamente, podemos crecer en los tres aspectos: 1- una vivencia más entusiasta de nuestro ministerio cultivando la amistad con el Señor 2- unión afectiva y efectiva con el obispo y los hermanos presbíteros y sentido de pertenencia al pueblo de Dios 3- un servicio más fecundo que engendra a hijos e hijas de Dios.

¿Cuál es la situación actual de los presbíteros de nuestra diócesis en cuanto a su estado de ánimo? ¿Crees que deberían implicarse más en los cursos de formación que se realizan en la Casa de la Iglesia o en sus arciprestazgos?

Si el Dicasterio del clero ha convocado esta temática seguramente es porque ha detectado que la formación permanente de los presbíteros se ha ido reduciendo sólo a una formación académica. La formación tiene un mayor alcance. Y quizás hay una falta de espacios de descanso por compartir, por la espiritualidad… (¡para recordar lo que somos y por qué hacemos lo que hacemos!). Hay que repensar algunas cosas porque la carga de la estructura cada vez más recae sobre menos presbíteros.

¿Cuál es la sensación/valoración de haber participado en este Congreso celebrado en Roma? ¿Es enriquecedor tener intercambios de opinión con presbíteros de otras diócesis?

Creo que poner el foco en la figura del presbítero de una manera pública y, además, en Roma por la dimensión de catolicidad que comporta, ha sido un soplo de aire fresco. Ciertamente ha habido escándalos dolorosos, pero esto no debe ser impedimento para ayudar a la renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral de la inmensa mayoría de presbíteros del mundo que quieren ser fieles al don recibido.

En este sentido me ha hecho muy bien hablar de nuestro sacerdocio no sólo escuchando a los expertos sino también en los pequeños grupos, en las comidas, en el metro y en la celebración de la Eucaristía. Ha sido un gozo conocer y aprender de curas (también de la Curia) y obispos enamorados del Señor y entregados al servicio del pueblo de Dios.

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