La Delegación diocesana de Familia y Vida y la Sección por la Vida, hicieron público ayer un comunicado sobre la aprobación de la eutanasia en el Congreso de los Diputados en el que expresan el cambio de paradigma que esto supone respecto al ejercicio de la profesión médica, además de otras argumentaciones entorno a la defensa de la vida, más allá de la perspectiva religiosa.

Encontraréis el comunicado en este enlace y a continuación:

El 17 de diciembre se aprobó, en el Congreso de los Diputados, el proyecto de ley sobre la eutanasia y el suicidio asistido. Una ley como esta significa un cambio revolucionario en la forma de considerar la vida humana y genera miedo en muchos pacientes. Es un cambio a favor de la eugenesia: seleccionar los mejores, es un triunfo del utilitarismo, según el cual el ciudadano es valorado si es productivo, es motivo de desconfianza en los profesionales de la salud, pues la ley les permite matar.

La Delegación diocesana de Familia y Vida del Obispado de Sant Feliu de Llobregat se adhiere a la nota de la Conferencia Episcopal Española de 11 de diciembre La vida es un don, la eutanasia un fracaso y quiere también manifestar que el suicido asistido y la eutanasia provocan la muerte del enfermo, pero no solucionan el sufrimiento de la persona.

Las razones más frecuentes a favor de la eutanasia son tres: evitar el sufrimiento, no prolongar la vida con tratamientos excesivos y la libertad individual.

Los sufrimientos se solucionan bien con una Medicina Paliativa de calidad;los tratamientos excesivos con la adecuación del esfuerzo terapéutico a las necesidades del paciente, que ya está garantizada por las leyes y que se puede concretar más firmando un documento de voluntades anticipadas; finalmente, la libertad individual no es absoluta, una persona no se puede vender como exclavo o incumplir la normativa sobre riesgos laborales poniendo en peligro la vida; así, el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos declaró que no existe el derecho a matarse (2002).

La eutanasia y el suicidio asistido son un cambio que introduce la muerte como solución, y eso cambia la mentalidad del médico, de los familiares, del enfermo y de la política sanitaria… implica considerar que hay personas con vidas que no merecen ser vividas.

La eutanasia genera más problemas que soluciones. El enfermo, en la etapa finalde la vida, es bastante vulnerable y las presiones fácilmente le pueden hacer pedir lo que en realidad no quiere. Fácilmente la decisión pasa a ser de los familiares o del médico y no se pide el consentimiento, no se respeta la libertad individual que se pretendia defender. En los lugares donde la eutanasia es legal, como Holanda, son frecuentes las “eutanasias involuntarias”: no pedidas por el paciente pero aplicadas para acabar con su vida.

La defensa de la vida no es un tema de fe religiosa, entidadas formadas por personas de muy diversas culturas y religiones como la Asociación Médica Mundial o la OMS se han mostrado en contra.

Recordamos que cuando un enfermo ingresa en el hospital, a veces dice que así no se puede vivir. Cuando lleva unos pocos días con un buen tratamiento paliativo deja de decir que quiere morir. Hace falta tratar los sufrimientos de la persona pero no matar a la persona que sufre. Hoy en día la capacidad científica y médica para combatir el dolor es muy grande. Así, la solución óptima pasa por dar una atención paliativa universal y de calidad.

Lamentamos profundamente la aprobación de esta ley que propaga la «cultura de la muerte» y nos coloca en entre el reducido grupo de países que han legalizado esta práctica. Animamos a todos los católicos y a las personas de buena voluntad a promover el respecto de la vida desde su inicio hasta la muerte natural.