Es el lema de la 106ª Jornada Mundial del migrante y refugiado, que se celebra el próximo domingo 27 de septiembre.

El papa Francisco, en su mensaje para esta conmemoración, nos exhorta a descubrir y conocer más a fondo la realidad de los desplazados internos. La Iglesia asume la definición establecida por ACNUR sobre los «desplazados internos»:

Son las personas en movimiento, vulnerables y olvidadas de nuestra época. Se han visto forzadas a huir, abandonando sus hogares o lugares de residencia habituales, sobre todo como resultado o para evitar los efectos de conflictos armados, situaciones de violencia generalizada, violaciones de derechos humanos o desastres naturales o provocados por el hombre, pero que no han cruzado la frontera de un Estado reconocido a nivel internacional.

El mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial del migrante y refugiado 2020 se hizo público con fecha 13 de mayo. Desde entonces, la Sección Migrantes y Refugiados del Vaticano, cada mes ha ido desarrollando los temas que trata el Santo Padre en su mensaje a través de unos vídeos, que recogen también testimonios de diversos lugares del mundo. Los puntos desarrollados son:

conocer para comprender,

acercarse para servir,

esccuchar per reconciliarse,

compartir para crecer y

involucrar para promover.

Para acabar su mensaje, el papa Francisco escribe una oración, que le viene sugerida por el ejemplo de San José, que se vio obligado a huir a Egipto para salvar al Niño Jesús. Hagámosla nuestra en esta Jornada:


Padre, Tú encomendaste a san José lo más valioso que tenías: el Niño Jesús y su madre, para protegerlos de los peligros y de las amenazas de los malvados.

Concédenos, también a nosotros, experimentar su protección y su ayuda. Él, que padeció el sufrimiento de quien huye a causa del odio de los poderosos, haz que pueda consolar y proteger a todos los hermanos y hermanas que, empujados por las guerras, la pobreza y las necesidades, abandonan su hogar y su tierra, para ponerse en camino, como refugiados, hacia lugares más seguros.

Ayúdalos, por su intercesión, a tener la fuerza para seguir adelante, el consuelo en la tristeza, el valor en la prueba.

Da a quienes los acogen un poco de la ternura de este padre justo y sabio, que amó a Jesús como un verdadero hijo y sostuvo a María a lo largo del camino.

Él, que se ganaba el pan con el trabajo de sus manos, pueda proveer de lo necesario a quienes la vida les ha quitado todo, y darles la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que san José salvó al huir a Egipto, y por intercesión de la Virgen María, a quien amó como esposo fiel según tu voluntad. Amén.